XXIII Jornada Mundial del Enfermo Misionero

misa_uem_sacerdotesSan Salvador, 7 de febrero de 2015 (Adoremos al Santísimo – Noticias). Este día en solemne Misa en la Catedral de San Salvador, se llevó a cabo la XXIII Jornada Mundial del Enfermo Misionero, con la presencia del Arzobispo de San Salvador Monseñor José Luis Escobar Alas, Monseñor Rosa Chávez, el Nuncio Apostólico Monseñor Kalenga y sacerdotes de la diócesis.

Dicha jornada fue organizada por los miembros de la UEM (Unión de Enfermos Misioneros), quienes de forma muy admirable renunciaban a una posible mañana de descanso en favor de sus hermanos más necesitados de consuelo y esperanza.

uem_hermanos_misa_jornada2015Nuestros hermanos necesitados llegaron a escuchar la voz de Dios y a recibir amor y afecto de cristianos que de forma voluntaria y desinteresada estuvieron presentes para que con su ejemplo, pudiéramos meditar la expresión del Libro de Job «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies» (Job 29,15), reconociendo en ellos la verdadera sabiduría del corazón, actitud que viene infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios (Extracto del mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo 2015).

uem_homilia_oscar_alas_jornada2015Monseñor José Alas en su homilía mencionaba esta cita bíblica de Job, la cual lleva a preguntarnos ¿Cuántos cristianos dan testimonio hoy en día? Pero no con palabras, sino con ejemplo de vida por una fe auténtica, y son ojos del ciego y del cojo los pies.

Personas que ayudan a los enfermos de una forma continua, pero especialmente cuando este servicio se prolonga bastante tiempo y que puede volverse pesado y cansado. Es fácil servir algunos días, pero es muy difícil estar al lado de una persona por meses o años, inclusive cuando ya no tiene la capacidad de dar las gracias, entonces se vuelve un gran camino de santificación, expresó Monseñor Alas, reflexionando sobre el mensaje del Papá Francisco para esta jornada.

uncion_uemLa experiencia de Job encuentra su respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús, acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito, totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son escándalo para la fe pero también son verificación de la fe (Cf Homilía con ocasión de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, 27 de abril de 2014).

Una de las hermanas de la orden de las Carmelitas de San José que trabajan arduamente en la UEM nos recordaba que el servicio a los enfermos es una oportunidad de ejercer la caridad y poner en práctica las obras de misericordia y que es Jesús, quien nos dice: «A mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).

La caridad para que sea verdadera no debe buscar la aprobación del bien hecho, sino acordémonos de la Madre Teresa de Calcuta quien en toda su vida se dedicó a los más necesitados, entre ellos los enfermos, muchos de estos llegaban al punto de insultarla, mostrarle odio y rechazo por la ayuda que les brindaba, a pesar que lo hacía con tanto amor, como si Dios mismo estuviera presente y sus manos humanas fueran las manos divinas de Dios mismo.

El Papa Emérito Benedicto XVI en uno de sus mensajes por las celebraciones de la Virgen de Lourdes en el año 2012, nos decía: “En aquellos leprosos, que Francisco encontró cuando todavía estaba «en pecados» —como él dice—, Jesús estaba presente, y cuando Francisco se acercó a uno de ellos, y, venciendo la repugnancia que sentía, lo abrazó, Jesús lo curó de su lepra, es decir, de su orgullo, y lo convirtió al amor de Dios

¿Y nosotros estamos preparados para convertirnos al amor de Dios y permitir que la sabiduría entre en nuestro corazón, consolando, entregando amor y esperanza a nuestros hermanos? Muchos sí y otros quizá no estemos preparados todavía, la caridad para con el enfermo es un don de Dios, que nos permite amar a nuestros hermanos en una medida superior a nuestras fuerzas humanas.

Oremos profundamente para que Dios pueda darnos este don, y así llevar, amor, esperanza y consuelo a nuestros hermanos.

Y que nuestra Virgen Santísima interceda por todos los enfermos y por quienes se ocupan de ellos.

Ver galería de fotos cortesía de Gaby Vairo, miembro de la UEM
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Escrito por colaboradores de adoremosalsantisimo.org

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